viernes, 8 de febrero de 2013

Diario de la lejana (25)


Mi madre tenia razón –confesó- todo sueño debe tener el sostén de la realidad. Al fin y al cabo, es la única que según como bailes con ella, hace que puedas llegar a aquel sueño una vez soñado.


Hay lágrimas que ruedan sobre el rostro de la lejana. Aquella que es tan frágil, la inocencia de una conciencia pura, una niña con zapatos rotos. Se mira al espejo repetidas veces al día, e insiste en que conteste. Su otra, la que completa su ser.
Anhelos que perduran en el tiempo, son como pétalos que los sopla el viento, viajan por el mundo y vuelven para dormirse en el balcón.
La lejana no lo comprende, como es que su alma pocas veces habita su cuerpo. Como es que cada lágrima salada etérea seduce a  Melancolía, su mejor amiga, y Soledad, la olvidada.
Entra en su habitación y vuelve a sentir el perfume de la vida, lagrimas dulces ruedan por la comisura de sus labios, donde reside la orilla del mar. La lejana posa sus labios en la ventana fría y un escalofrío la recorre desde la coronilla hasta sus frágiles tobillos de marfil.
Sabe. El invierno la espera con un abrigo de lana y boinas de colores que cortejan los árboles sin hojas. Pero la lejana sabe bien, su poesía es tan eterna, que hasta en una gota de sus lagrimas, puede encontrarse la inmensidad infinita del mar. 

by: Nuné
(el arte es un estado del alma)

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