miércoles, 21 de noviembre de 2012

Además


La noche llega madrugada de sueños y despertares. Mantiene la mirada fija en el café y este rebosante de suave espuma le confiesa entre sus hilitos de humo la vida de un café. Sabe tantas cosas sobre la melancolía y el insomnio que podría, dice entre chistes, poner un consultorio y ofrecerles solo té.
La noche mantiene conversación con aquel café que siempre la escucha cuando las estrellas la abandonan, la luna no sonríe en su lado oculto y piensa, que placentero seria un amanecer lleno de soles siempre a su lado, así no esta tan sola, así le prepara el desayuno y con una rosa sobre la bandeja le lleva a la cama además, un café.

By: Nuné Halacyan

Diario de la lejana (22)


Duelen las palabras contra mi garganta si no las dejo salir, y al saber que suenan mejor en el marco de lo escrito, las plasmo inmediatamente como aves que pinto sobre una gran tela y día a día tienen las alas más abiertas para volar, así no quedan solo en lo recóndito de mis sentimientos vestidos de vintage, así salen del nido y quien sabe…se terminan enamorando de alguna brisa teñida de aurora.

La lejana mantiene un secreto en lo más íntimo de su armario, tiene todo desordenado, pero el secreto esta bien acomodado en el primer cajón.
La lejana se viste de encaje de vez en cuando y habla secretamente con tus labios que saben tan a liberad que da gusto beberlos. Entonces cuando las insípidas manos se vuelven vulnerables al encuentro ella sale corriendo, vestida de encaje y seda.
A veces no admite su miedo, pero cuando cae rendida a metros del río las piernas le tiemblan tanto que no sabe si es a causa del cansancio, a causa del miedo, o de las infinitas ganas de correr un poco más dando la vuelta y sumergirse en aquellos labios que saben tanto a libertad que da gusto beberlos.

By: Nuné Halacyan

Fugaz acontecer


Incluso antes de que pueda darse cuenta, la soledad poética abraza sigilosamente su corazón físico, mientras todo permanece en su sitio, ella se acuesta boca arriba en la cama con ambas manos sobre el pecho, como esperando la pacifica sensación de que aquel estado no es el más grato pero si necesario, repentinamente, para la poesía que era su vida.

By: Nuné Halacyan